En estos días hemos leído mucho sobre belleza, por ejemplo en reportajes como éste que Joana Bonet ha publicado en MUY Historia. La pregunta que lanzaba la periodista y actual directora de Marie Claire era ¿qué extraño mecanismo logra que un objeto bello nos conmueva y logre, incluso, que perdamos la razón? En la revista científica PLoS ONE acaban de ofrecer una interesante respuesta. Con ayuda de la Resonancia Magnética Funcional –esa técnica cada vez más popular que permite observar a nuestro cerebro en plena acción–, neurocientíficos italianos han evaluado cómo responden personas “inexpertas” ante grandes obras maestras del arte Clásico y Renacentista. Y han llegado a una conclusión: la sensación de belleza está mediada por dos procesos diferentes que pueden ser simultáneos. Uno de ellos está basado en la activación de ciertas neuronas corticales y de la ínsula (belleza objetiva), que reaccionan positivamente cuando las figuras se ajustan a los conocidos como cánones de belleza, fundamentalmente a la proporción áurea (estudiada por los pitagóricos y que Leonardo da Vinci hizo tan popular). El otro proceso está relacionado con la activación de la amígdala, la región cerebral que controla nuestras experiencias emocionales (belleza subjetiva).
Según los autores, el estudio podría aportar un nuevo punto de vista para una vieja pregunta: cuando la moda y la novedad expiran, ¿podría una pieza convertirse en patrimonio de la humanidad sin que existan ciertos parámetros o “principios biológicos” de la belleza?